Por Arturo Torres, Director de Inteligencia de Amenazas para América Latina y el Caribe
En los últimos meses he tenido la oportunidad de conversar con líderes de tecnología y ciberseguridad de diferentes organizaciones en América Latina, en un escenario marcado por los ciberataques en Chile y la región. Aunque pertenecen a industrias distintas, prácticamente todos comparten el mismo reto: proteger su información, mantener la continuidad de sus operaciones y cumplir sus objetivos de negocio frente a adversarios que cada vez operan con mayor velocidad y especialización.
La conversación normalmente comienza con una pregunta: ¿dónde estamos hoy?
La respuesta no es sencilla. El cibercrimen dejó hace tiempo de ser una colección de ataques aislados. Hoy funciona como una verdadera industria, sin fronteras, con especialización de funciones, modelos de negocio, proveedores de servicios y un ecosistema que permite a los atacantes operar a gran escala.
El Global Threat Landscape Report de FortiGuard Labs nos ha permitido observar precisamente esta evolución. Ya no hablamos solamente de malware o ransomware. Hoy debemos entender un ecosistema mucho más amplio que incluye reconocimiento automatizado, explotación de vulnerabilidades, robo y comercialización de credenciales, botnets, servicios criminales y un uso creciente de inteligencia artificial para automatizar diferentes etapas de las operaciones.
Y hay una variable que considero especialmente importante: el tiempo.
Los adversarios pueden buscar infraestructura expuesta de manera constante, identificar una vulnerabilidad y tratar de convertir esa exposición en acceso. Para los defensores, esto significa que ya no basta con preguntarnos si contamos con las tecnologías adecuadas; también debemos preguntarnos qué tan rápido podemos identificar, priorizar y responder ante una amenaza.
Ciberataques en Chile: presión constante
Cuando llevamos esta conversación a Chile, la telemetría de FortiGuard Labs nos permite dimensionar esa presión.
Tan solo durante la primera mitad de 2026 se detectaron en el país 4.4 mil millones de intentos de ciberataque, siendo Chile el cuarto país más atacado de la región.
Dentro de esta telemetría encontramos además alrededor de mil millones de escaneos activos. Esto es particularmente relevante porque nos recuerda que existe actividad automatizada buscando constantemente infraestructura expuesta, servicios disponibles y posibles vulnerabilidades.
A esto se suman técnicas que conocemos desde hace años y que continúan siendo efectivas: ataques de fuerza bruta contra servicios expuestos, explotación de dispositivos IoT, intentos de explotación de vulnerabilidades conocidas y distribución de malware, incluyendo campañas que utilizan phishing y documentos maliciosos.
Esto nos deja una lección importante: no todo lo que funciona para los atacantes es nuevo.
Podemos hablar de inteligencia artificial, automatización y nuevas herramientas criminales, pero una vulnerabilidad sin parchear, una contraseña comprometida, un servicio innecesariamente expuesto o un usuario engañado siguen siendo suficientes para iniciar un incidente.
La defensa también tiene que evolucionar
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Primero, entender que la ciberseguridad es una responsabilidad compartida. La capacitación debe extenderse más allá de los equipos técnicos. Cualquier colaborador con acceso a información, aplicaciones o servicios corporativos forma parte de la superficie de riesgo de una organización.
Segundo, necesitamos visibilidad de nuestra superficie de ataque. No podemos proteger aquello que desconocemos. Hardware, software, identidades, aplicaciones en la nube, dispositivos IoT, accesos remotos y sistemas expuestos deben evaluarse continuamente para identificar y priorizar riesgos.
Y tercero, necesitamos reducir nuestros propios tiempos de detección y respuesta. Los equipos de seguridad ya manejan enormes cantidades de información y alertas; pretender resolver ese problema agregando más herramientas aisladas no necesariamente mejora la seguridad.
La estrategia debe avanzar hacia plataformas integradas donde telemetría, inteligencia de amenazas, automatización e inteligencia artificial trabajen en conjunto para ayudar a los equipos de seguridad a detectar comportamientos anómalos, correlacionar información y responder con mayor velocidad.
Desde FortiGuard Labs, gran parte de nuestro trabajo consiste precisamente en transformar enormes cantidades de telemetría en inteligencia accionable: entender qué vulnerabilidades están siendo explotadas, qué malware y botnets están activos, cómo evolucionan las técnicas de los adversarios y cómo podemos trasladar ese conocimiento hacia nuestras tecnologías y hacia las organizaciones que protegemos.
El mensaje que nos deja el panorama global de amenazas es claro: los atacantes se están industrializando, automatizando y especializando. Nuestra defensa tiene que evolucionar con la misma velocidad.
Si el cibercrimen ha aprendido a trabajar como un ecosistema, nuestra mejor respuesta también debe ser colectiva: tecnología, inteligencia, personas y colaboración trabajando como una sola estrategia de defensa.
